París, la ciudad de la luz y ahora, por cortesía de Riot Games, el epicentro de la estrategia automática. El Teamfight Tactics (TFT) Paris Open 2025 fue catalogado como la culminación de los esports del juego, reuniendo a 768 competidores que lucharon por una impresionante bolsa de premios de $300,000. Sin embargo, lo que se desarrolló en el Paris Expo Porte de Versailles no fue simplemente una disputa técnica por la gloria, sino una exuberante y masiva celebración de una comunidad que, al parecer, tiene una sorprendente afinidad por la pastelería temática y las propuestas de matrimonio.

La magnitud del evento era indiscutible: cientos de jugadores, tres días de batalla intensa y, finalmente, solo ocho tácticamente superiores para el escenario principal. Pero para los miles de asistentes (creadores de contenido, desarrolladores y aficionados), el TFT Paris Open se sintió menos como una final de esports y más como una convención masiva y sorprendentemente acogedora.
El Ecosistema Festivo: Arte, Pasteles y Estrategia
Si los jugadores competían por el prestigioso cinturón de Tactician’s Belt, los fans competían por conseguir los artículos exclusivos. Riot Games dispuso una abundancia de actividades que transformaron el recinto en un verdadero festival interactivo. Podías dejar de lado la autochess por un momento para probar el próximo juego de lucha de Riot, 2XKO, o sumergirte en el rincón de Riftbound, que ofrecía vistas previas del set Spiritforged que estaba por llegar.
Pero el verdadero corazón de la comunidad latía en el Artist Alley. Aquí, 16 artistas demostraron que la pasión por TFT va más allá de acumular oro y sinergias, vendiendo mercancía y arte temático que evidenciaba la profundidad de la cultura del juego. La devoción era palpable: las colas matutinas para la tienda oficial de Riot Games eran prueba de que la gente estaba dispuesta a sacrificar horas de sueño por conseguir una caja de origen de Riftbound.
Y si la estrategia de la forja de objetos te estresaba, siempre podías consolarte en la Pengu Pâtisserie, sirviendo dulces y bebidas temáticas. Sí, estimado lector, en el mayor evento de esports de TFT, había una pastelería. La guinda de ese pastel (con una pizca de ironía, por supuesto) fue una galería de arte con pinturas famosas reimaginadas con los pequeños legendarios del juego. Y por si fuera poco, en medio de la adrenalina competitiva, alguien encontró el momento perfecto para proponer matrimonio. Un recordatorio sutil de que incluso en el caos de los hexágonos, el romance sobrevive.
Esports y Familia: ¿Una Contradicción Resuelta?
Una de las narrativas más llamativas del Open fue su carácter innegablemente familiar. Familias enteras, viajando desde lugares tan lejanos como Austin, Texas, veían el evento no como un torneo profesional, sino como una experiencia compartida.

Matt Landers, que se autodenominó «el competidor más viejo», asistió con su esposa Meschelle y sus dos hijas. Para ellos, TFT es mucho más que un juego; es una alternativa al «tiempo pasivo frente a la pantalla». Meschelle y Matt elogiaron el juego por ser estratégico y obligar a sus hijas a «usar sus cerebros». En un mundo donde el tiempo de pantalla suele aislar, es casi irónico que el auge de los esports de autochess esté creando una actividad que la familia puede apoyar y compartir unida.
Ysabelle, esposa del conocido jugador Albert ‘Mismatched Socks’ Chen, viajó con sus hijos pequeños, a pesar de que su marido no competía. Ella reconoció que llevar niños a eventos de esports sigue siendo inusual, pero destacó que la comunidad de TFT se adapta, asegurando que el ambiente se mantiene «PG-13» por respeto a los más jóvenes. La idea de que su hijo Ryan, un bebé en las transmisiones de su padre, pueda un día convertirse en Campeón Mundial de TFT, ya está sembrada.
Longevidad y Construcción de Cultura
La mezcla generacional no pasó desapercibida para el director de jugabilidad de TFT, Stephen ‘Mortdog’ Mortimer. Al ver a padres animando a sus hijos y la longevidad del juego (seis años y contando, en una industria donde la vida útil de los títulos es notoriamente efímera), Mortdog manifestó un entusiasmo genuino. La idea de que los adolescentes de hoy sigan jugando TFT dentro de décadas es, en sus propias palabras, «bastante salvaje».
Este sentimiento de comunidad es la columna vertebral del crecimiento de TFT como esport. Organizaciones como Gentle Mates y Solary confirmaron la importancia del título, estableciendo puestos para mostrar que el ecosistema de TFT es tan relevante como otros títulos de Riot Games, como VALORANT.
El poder de la conexión en persona se ejemplificó con la historia de ‘Paper’, una estudiante de bellas artes alemana. Paper invirtió un año en crear un títere articulado de Smolder (con luces de fuego y todo) para el evento. Lo que comenzó como un proyecto personal se convirtió rápidamente en un puente social. Paper comentó emocionada que por fin pudo conocer a muchas personas con las que solo había interactuado en línea. Quizás el momento más significativo fue cuando una figura icónica como Scarra, a quien ella había sido demasiado tímida para acercarse antes, fue uno de los primeros en pedirle una foto. La inversión en la comunidad había revertido la dinámica de la fama.

La Corona de la Competencia: Huanmie se Alza con el Cinturón
A pesar de todo el ambiente festivo, el Open era, en última instancia, un torneo de esports con un campeón que coronar. Más de 200 PC se llenaron el primer día en la Paris Expo. Las filas de jugadores se redujeron progresivamente, pasando de 768 a los ocho finalistas que subieron al escenario el domingo.
Entre los destacados se encontraba el brasileño Luis ‘Toddy’ Hüttl, quien fue uno de los primeros en asegurar su lugar en el lobby final ante los vítores de sus fans. Pero la historia de la victoria la escribiría Ge ‘Huanmie’ Wuxin. Huanmie, con una composición Void perfectamente ejecutada, se llevó la decisiva partida final, reclamando el cinturón del Tactician’s Belt y el premio monetario de seis cifras.

El triunfo de Huanmie fue el clímax deportivo, pero el legado del TFT Paris Open 2025 reside firmemente en la atmósfera que lo rodeó. Con espacios acogedores para las familias, áreas de juego casual, arte comunitario y conexiones genuinas entre jugadores y desarrolladores, Riot Games demostró que para un juego como Teamfight Tactics, el futuro de los esports no será impulsado solo por la habilidad individual, sino por la vibrante cultura que crece a su alrededor. El verdadero cinturón de campeón, parece, lo lleva la comunidad.

