Rayo Vallecano 3-0 Real Oviedo
El Real Oviedo, que en su momento había intentado conseguir los tres puntos por la vía administrativa tras la suspensión del partido del 7 de febrero, no logró demostrar esa misma astucia ni determinación sobre el terreno de juego en Vallecas. Sus reclamaciones previas por la cancelación, que consideraban una desventaja, contrastaron notablemente con su desempeño en el campo.
A pesar del contundente marcador final, el Oviedo no fue completamente superado por el Rayo Vallecano en la primera mitad. El periodo inicial transcurrió con escasos sobresaltos, donde los jugadores incluso tuvieron dificultades con el agarre en el césped. Más allá de las condiciones del campo, ninguno de los equipos consiguió romper el estancamiento o generar ocasiones claras de gol en los primeros 45 minutos. Sin embargo, una sensación de fatalismo parece rodear al Oviedo en este momento, como si Los Carbayones estuvieran batallando contra el propio destino.
Después de encajar el gol de la victoria en el último instante contra el Atlético de Madrid el pasado fin de semana, la defensa del Oviedo volvió a ceder justo antes del descanso. Mientras Guillermo Almada preparaba su charla técnica, Andrei Ratiu lanzó un potente disparo desde lejos hacia Aaron Escandell. Pero fue Jorge de Frutos quien demostró una agilidad y olfato de gol superiores a la marcación de David Carmo, anticipándose para empujar el balón a la red y anotar el primer tanto en los segundos finales de la primera parte.
El Rayo explota las vulnerabilidades ofensivas
Si el Oviedo jugaba constantemente con el temor a la tragedia, el Rayo parecía contento de dejar que el partido fluyera sin forzar las acciones, convencido de que la victoria caería de su lado. Apenas cinco minutos después del inicio de la segunda mitad, el Rayo amplió su ventaja. Álvaro García envió un sutil cabezazo por la izquierda para que De Frutos lo persiguiera. Este le devolvió el balón a García dentro del área, pero al dudar un instante, Santiago Colombatto lo derribó por la espalda en una entrada torpe que el VAR no tuvo posibilidad de perdonar. Escandell adivinó la dirección, pero De Frutos ejecutó el penalti con suficiente fuerza, raso y pegado al palo izquierdo, para batirlo.
Ese flanco izquierdo se convirtió en la principal vía de ataque del Rayo. Poco después de la hora de juego, tras una recuperación alta, Pedro Díaz habilitó rápidamente a García para que encarara a Lucas Ahijado. García se internó en el área y, aunque Escandell logró repeler su disparo inicial, el extremo consiguió colar el rechace por el palo corto, sentenciando prácticamente el partido con media hora aún por jugar.
El encuentro se volvió más abierto en sus tramos finales. Pérez siguió atormentando a Ahijado, casi creando una cuarta anotación con un pase al área pequeña. Thiago Borbas, que había ingresado por el Oviedo, tuvo una clara oportunidad a 15 minutos del final, disparando desviado. La mejor ocasión del Oviedo llegó a sus pies 10 minutos más tarde, pero Borbas envió un balón botando inofensivamente a las manos de un poco exigido Augusto Batalla desde el punto de penalti. Poco después, Álvaro Reina vio cómo su esfuerzo improvisado en el segundo palo era despejado bajo la línea por Florian Lejeune, una presión que llegó demasiado tarde.
Aunque esta victoria del Rayo quizás no reciba demasiados elogios por su espectacularidad, la comodidad con la que se logró será un hecho inusualmente bienvenido para Iñigo Pérez. Su equipo se sitúa ahora en la 12ª posición de la tabla, con una mucho más relajada distancia de seis puntos sobre la zona de descenso. El Oviedo, en cambio, parece atrapado en un círculo vicioso de pequeñas desgracias en cada partido. Una vez más, sin parecer inferior a su oponente, sale perdiendo, y el deslizamiento hacia la Segunda División está cobrando velocidad; la salvación, a nueve puntos, parece cada vez más lejana y difícil de conseguir.

