Robert Hernando y la Polémica de `Hijos del Gol Sur`: Defensa Literaria Frente a la Etiqueta Política
La literatura, especialmente aquella que se aventura a narrar los rincones más crudos de la historia social y deportiva, a menudo se encuentra en una incómoda encrucijada. Recientemente, Robert Hernando, exconsejero del RCD Espanyol, ha experimentado esta tensión de primera mano. La presentación de su última novela, Hijos del Gol Sur, un relato basado en la cruda atmósfera de los años 90 en el estadio de Sarrià, se vio eclipsada por una controversia digital que transformó un acto cultural en un campo de batalla ideológico.
La esencia del conflicto no reside en el contenido del libro, sino en un efímero fragmento de audio y vídeo. Un clip de apenas cuatro segundos, capturado al finalizar el evento, bastó para que el ruido de las redes sociales dictara sentencia, acusando al autor y a sus acompañantes de apología del extremismo. Hernando ha roto su silencio no para pedir disculpas, sino para insistir en una distinción fundamental que el debate parece haber olvidado: la diferencia entre narración literaria y manifiesto político.
El Rigor de la Novela Frente a la Aceleración de la Red
Hernando enfatiza con vehemencia: su obra es una novela. No es un ensayo periodístico ni una tesis sociológica. Si bien Hijos del Gol Sur se nutre de hechos reales —los turbulentos años 90, la vida salvaje y trepidante en las gradas del Gol Sur de Sarrià—, su función es relatar desde la perspectiva de un personaje. Esto, por definición técnica, implica la ausencia de juicio y la mera documentación de una época histórica.
El autor, con una trayectoria literaria que incluye la trilogía Gladius (donde narra luchas clandestinas con sangre y lágrimas), subraya que la dureza del contenido es intrínseca a la época que se describe. Narrar la verdad de una época no equivale a ensalzarla. Sin embargo, en el clima actual, la sutileza literaria parece ser el primer sacrificio en el altar de la polarización.
El Eco de un Cántico: Anatomía de la Viralización
El detonante de la polémica fue un momento puntual al cierre del coloquio. Ante 246 asistentes (una concurrencia que abarcaba desde el «mítico peñista» hasta niños, demostrando la pluralidad de la afición perica), un grupo de personas entonó un cántico tradicional del Gol Sur. Al final de la letra, cuatro o cinco individuos añadieron un vitoreo ambiguo, interpretado por los críticos en redes sociales como el infame «Sieg Heil», una coletilla asociada históricamente a ciertos sectores de la grada.
Aquí es donde la técnica de la información digital entra en juego con una ironía devastadora: un vídeo de cuatro segundos, descontextualizado y amplificado por el anonimato de las plataformas, se convirtió en la prueba irrefutable de una ideología. Hernando, con un pragmatismo forjado en la experiencia, lamenta que este eco digital afectara especialmente a figuras íntegras como Francesc Vía, el moderador, arrastrándole a una acusación tan absurda como la de ser, simultáneamente, nazi y culé.
La Lucha Contra la Clasificación Binaria
La defensa de Hernando trasciende la anécdota del libro y se centra en la cultura de la etiqueta fácil. Cita su pasado político (concejal hace 15 años por PxC), un dato que sus detractores utilizan como única carta de presentación, ignorando décadas de dedicación al RCD Espanyol y, quizás más relevante, su intensa labor solidaria.
“Te colocan la etiqueta de ultraderechista sin conocerte de nada, sin haber hablado jamás contigo.”
El autor enumera sus credenciales: desde ser el ideólogo del himno rock del club y fundador de la Minigrada, hasta su esfuerzo incesante en campañas benéficas, como la recaudación de 15.000 euros para la campaña Pericos contra la ELA. Además, lidia públicamente con el cáncer, una perspectiva que relativiza considerablemente el impacto de las críticas superficiales.
En un giro que desafía la simplicidad de la clasificación ideológica, Hernando define su posición política como un espectro complejo: se reconoce de izquierdas en la defensa de los trabajadores y la sanidad pública, y de derechas en temas como la seguridad ciudadana y el control de la inmigración ilegal. Esta negación a encajar en la dicotomía simplista es, irónicamente, lo que más irrita a los «profesionales del odio».
El debate sobre Hijos del Gol Sur se ha transformado, por lo tanto, en un estudio de caso sobre cómo la narrativa histórica, incluso cuando se presenta como ficción, es inmediatamente capturada y reescrita por la polarización. La conclusión de Hernando es clara y técnica: los prejuicios impiden la lectura y el análisis objetivo. En un mundo donde un fragmento de vídeo equivale a una verdad absoluta, la tarea del escritor de historia sensible se vuelve menos sobre la documentación y más sobre la gestión de la reacción.

