Turismo de Hockey en los Juegos Olímpicos

Mi trayectoria como aficionado de la NHL comenzó hace cuatro años, y hasta la fecha, mi única oportunidad de ver un partido en vivo fue en las Global Series de Estocolmo en 2023. En aquel evento, tuve el placer de presenciar a mi equipo, los Toronto Maple Leafs, y vivir la emoción del hockey de cerca. Desde entonces, anhelaba repetir esa vivencia, sin imaginar que mi próximo encuentro sería en Italia, en el contexto de unos Juegos Olímpicos.

Esta increíble oportunidad surgió cuando mi pareja, contagiada de mi entusiasmo, se convirtió también en una ferviente seguidora del hockey y de la NHL. Una noche, de forma espontánea, consideramos la idea de asistir a los Juegos Olímpicos y, sin pensarlo dos veces, adquirimos las entradas. Meses después, nos hallábamos en Milán, listos para ver a las mayores estrellas del hockey mundial, incluyendo a muchos de nuestros jugadores preferidos.

¡En la entrada del estadio! (Yo con el jersey de los Pens y Marta, mi pareja, con el de los Leafs).

El sábado 14 de febrero arribamos a Milán y dedicamos la tarde a explorar el centro, inmersos en la efervescencia olímpica que impregnaba cada rincón. Desde el aeropuerto y las estaciones de metro, fuimos recibidos por los icónicos anillos olímpicos y una profusión de carteles y pantallas que anunciaban los juegos. En poco tiempo, comenzamos a cruzarnos con aficionados vestidos con sus jerseys de hockey. Uno de los aspectos más cautivadores de la experiencia fue ver a personas de toda Europa luciendo las camisetas de sus jugadores y equipos favoritos. La diversidad era asombrosa: desde numerosos jerseys de la NHL, con predominio de equipos canadienses, hasta los de selecciones nacionales e incluso equipaciones de clubes locales completamente desconocidos para nosotros, con nombres de pronunciación incierta.

Nuestra exploración nos llevó a la Olympic Fan Village de Milán, un recinto vibrante con actividades relacionadas con varios deportes olímpicos, organizadas por los patrocinadores. Contaba con un escenario y una pantalla gigante que transmitía eventos en vivo, además de la oportunidad de fotografiarse con las entrañables mascotas de los juegos, Milo y Tina, en su versión inflable. Posteriormente, nos dirigimos a la imponente tienda oficial de los juegos en la plaza del Duomo, donde se ofrecía una vasta selección de productos exclusivos, principalmente vestimenta. Para nuestra desilusión, no había jerseys de hockey disponibles allí. Los únicos que encontramos fueron en la planta baja de la tienda Nike en el centro de Milán, pero para entonces, la disponibilidad era muy limitada.

De regreso al hotel, mientras paseábamos, percibimos a lo lejos un rostro que nos resultó familiar. Estamos casi seguros de que se trataba de Rickard Rakell, el delantero sueco de los Pittsburgh Penguins. Optamos por no acercarnos, respetando su privacidad y permitiéndole disfrutar de su paseo vespertino.

El domingo 15 marcó el día clave de los partidos. Contábamos con entradas para dos encuentros de la ronda preliminar: Canadá contra Francia a las 16:40, y Estados Unidos contra Alemania a las 21:10. Cerca de las 14:00 horas, nos dirigimos a la Arena de Hockey de Santa Giulia, que, contrariamente a las dudas generalizadas, fue finalizada a tiempo. Utilizamos uno de los cómodos autobuses lanzadera gratuitos que operaban frecuentemente desde la estación de Rogoredo hasta el estadio. Allí, soportamos una considerable espera bajo el sol (afortunadamente, era febrero) antes de poder acceder. Nos apresuramos a nuestros asientos, ubicados en la sexta fila, asombrosamente cerca del hielo y, para nuestra dicha, justo detrás de la portería canadiense. Estábamos a escasos metros del túnel por donde la selección de Canadá estaba a punto de emerger para calentar. La emoción de verlos deslizarse sobre el hielo es indescriptible: Crosby, McDavid, Celebrini, Makar, MacKinnon, Marner, Jarvis… la vista se perdía en tantos talentos, era imposible concentrarse en uno solo. Fue conmovedor tener a estas luminarias del deporte tan próximas, especialmente al capitán, Sidney Crosby. Nos sentimos inmensamente afortunados de haberlo visto jugar y anotar antes de su desafortunada lesión en los cuartos de final, ocurrida días después.

Resulta complicado plasmar la emoción de verlos pisar el hielo. Nombres como Crosby, McDavid, Celebrini, Makar, MacKinnon, Marner, Jarvis desfilaban ante nuestros ojos; era imposible no maravillarse con cada uno.

El encuentro fue extraordinariamente ameno. A pesar de la avalancha de goles por parte del equipo de la hoja de arce (cuya celebración, al final, nos generaba cierta incomodidad tanto a nosotros como a los propios jugadores canadienses), el partido ofreció numerosos momentos para disfrutar, y la escuadra francesa demostró una admirable resiliencia. Un punto álgido fue el penalti convertido por Macklin Celebrini, que, al concluir el juego, se reveló como un hito: el primer gol de penalti en unas Olimpiadas por un jugador de la NHL. También presenciamos anotaciones de otras figuras, incluido McDavid. No obstante, el evento más sorprendente fue la refriega entre Tom Wilson (quien inauguró el marcador) y Pierre Crinon, un inesperado intercambio de golpes en el hielo olímpico. La incredulidad fue generalizada y la multitud estalló de entusiasmo (con justificación), aunque, considerando el historial del delantero de los Washington Capitals, no fue una sorpresa absoluta. El resultado final fue un contundente 10-2.

Así de cerca presenciamos el partido entre Canadá y Francia.

Una vez finalizado el encuentro, y aún bajo la emoción, disfrutamos de un último vistazo a los talentosos canadienses antes de salir al exterior. Allí, se había dispuesto un área designada para que los asistentes con entradas para el siguiente partido pudieran esperar confortablemente sin necesidad de abandonar las instalaciones.

Tan pronto como se nos permitió reingresar, nos dirigimos con premura hacia la sección donde habíamos disfrutado del partido anterior, con el propósito de observar de cerca el calentamiento del equipo de EE. UU. Para nuestra sorpresa, al intentar acceder a esa misma área, se nos solicitó presentar nuestras entradas y la asignación de nuestros asientos. Un intento similar en otra entrada próxima al túnel estadounidense arrojó el mismo resultado. Esto nos pareció inusual, ya que durante el primer partido no se nos había requerido nuevamente la entrada una vez dentro del recinto. Finalmente, conseguimos el acceso a través de una sección de la zona alemana, donde no se nos pidieron los asientos, lo que nos permitió situarnos detrás del banquillo del equipo de las barras y estrellas para presenciar el calentamiento. Especulamos que quizás la delegación estadounidense solicitó un refuerzo de seguridad.

Fue ineludible el rotundo abucheo que resonó en el estadio en el momento en que el equipo americano hizo su entrada inicial al hielo. La apasionada hinchada alemana dominó claramente a la estadounidense en ese instante, y esta tendencia prevaleció durante la mayor parte del encuentro.

Detrás del banquillo de EE. UU.

En esta ocasión, nuestros asientos se encontraban en la parte superior del estadio. Aunque la perspectiva no era tan íntima como la de estar a nivel de hielo, la visibilidad del partido fue impecable. Esperábamos una mayor pugna por parte de la selección alemana, que apenas logró un gol en los compases finales, cortesía de Tim Stützle de los Ottawa Senators. Nos quedamos con el deseo de presenciar más jugadas destacadas de Leon Draisaitl, capitán del equipo y capitán alternativo de los Edmonton Oilers, especialmente en su enfrentamiento con su conocido rival Matthew Tkachuk, delantero de los Florida Panthers. Por otro lado, Auston Matthews contribuyó con dos goles para EE. UU., lo que, como aficionado de los Leafs, resultó muy satisfactorio de ver (particularmente porque esta no ha sido su temporada más brillante). Personalmente, nuestro apoyo en este encuentro era para Alemania, así que salimos con cierta melancolía por el resultado de 5-1 a favor de EE. UU., pero enormemente complacidos de haber vivido la experiencia en directo.

Experimentar el vibrante ambiente olímpico durante un partido de hockey ha sido una vivencia singular y profundamente gratificante. Aunque ignoro si en futuras ediciones olímpicas se volverá a permitir la participación de jugadores de la NHL en las selecciones nacionales, en cualquier caso, me encantaría repetir esta experiencia en los Alpes Franceses en 2030, aprovechando la cercanía geográfica a nuestro hogar.

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By Álvaro Montenegro

Álvaro Montenegro, residente en la bulliciosa Barcelona, ha dedicado su vida al periodismo deportivo. Desde su infancia, su pasión por el fútbol y el baloncesto se convirtió en su profesión. Después de graduarse en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Barcelona, Álvaro comenzó a escribir para publicaciones deportivas locales. Hoy es conocido por sus profundos análisis sobre La Liga y sus precisos pronósticos de partidos. Presta especial atención a las estadísticas y al análisis de estrategias de juego. En su tiempo libre, Montenegro conduce un popular podcast sobre apuestas deportivas, donde comparte información privilegiada y observaciones profesionales.

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