Crónica Abel Recknold | Crónica Fito Arévalo
Crónica de Abel Recknold.
Son las 9:00 a.m. en un domingo 17 de Julio de 2011 en algún lugar del desierto de Los Monegros.
Exactamente en el mismo punto geográfico que el Monegros Desert Festival que se celebrará el siguiente fin de semana. Por ahora las carpas que han montado serán solo para corredores deportistas. La semana próxima les pertenecerán a las miles de almas que abarrotarán el recinto para volverse locos en medio de ninguna parte.
La palabra del día no será calor, sino viento. Hemos tenido suerte, y apenas pasan de los 24º a las 8:00 Am. Pero parece que soplará cierzo (viento) de cara a partir de las 11:00
En la linea de salida; Fito, Beto y yo revisando cada detalle para no cometer ninguna infracción que pueda penalizarnos. Preparo la GoPro que llevo sobre mi cabeza. Fito me confirma que está en record. Salimos con una media bastante alta. Unos 4.20 minutos/ km. Necesitamos mantenernos entre los 30 primeros para no quedar demasiado descolgados, ya que no es una carrera muy larga. Muy buenas sensaciones en los primeros 20 minutos. Aunque ya empezábamos ver lo que se nos venía encima en cuanto a temperatura y viento…
Sobre el km 7 yo bajo el ritmo y Fito se distancia, siempre manteniendo contacto visual conmigo. De vez en cuando indicándome que es hora de hidratarse. Ya que yo no portaba pulsómetro.
El calor se hace sentir sobre el km 8 y entre el peso de la mochila y los bidones de Isostar voy quedando atrás, y a su vez perdiendo el contacto con Fito. En ese preciso instante bajo la vista y me concentro en el camino, no en lo que nos rodea.
Con el grupo de cabeza a unos 400 metros por delante difuminándose en el calor que desprende el suelo, les sigo como puedo. Pero al llegar a una curva de dudosa señalización alguien grita: NO!! Por ahí no es!! Me giro, y veo que llevo 100 metros en dirección equivocada. De lo que deduzco que el grupo de mi compañero se ha ido por la ruta errónea. Rectifico lo antes que puedo, y corro echando la vista atrás, deseando que Fito aparezca en cualquier momento. Pero de momento nada… Al llegar al primer control, intento localizarle. Pero para no variar el desierto sigue poniendo trampas para doblegar nuestras fuerzas, y la cobertura de teléfono es inexistente.
Repongo fuerzas, y salgo con el segundo control en mi mente, cruzando los dedos para que mi compañero de equipo me alcance. Un par de kms después la carrera empieza a ubicarte. Es cuando el nivel de los corredores se estabiliza y a tu lado corre alguien que está a un nivel parecido al tuyo. Casi siempre será la persona con la que terminarás la prueba. Y así fue! Conocí a Antonio Soto. Un corredor de Barcelona que decidió presentarse a la IDM starter para dar el paso a las maratones. Un ejemplo de valentía para mi.
Con 17 kms ya vencidos, manteníamos una buena media y especulábamos con la posibilidad de mantenerla. “Llegamos en 4h 30m decía yo..” jajajaja Qué iluso, no?….Mas tarde en al llegar al segundo control éramos conscientes de que sería imposible mantener la media de 5:10m /km.
Una vez pasados los 25 kms la motivación y fuerza vuelven a uno, aunque los pies comiencen a arder y las piernas a doler. Antonio y yo intentamos desconectar del desierto charlando sobre como habíamos llegado hasta aquí. Me contó que era su primera carrera larga, y que no tenía prisa por incrementar sus retos. Lo cual me pareció muy inteligente por su parte, ya que comparto esa filosofía sobre el deporte. Después de todo, yo tampoco hice muchos “ultras” hasta el día de hoy. Pero también creo en el dicho “sin prisa, pero sin pausa”.
Aproximadamente en el km 33 las piernas ya no responden igual, y comenzamos a correr casi arrastrando los pies, para intentar consumir la menor energía posible en cada paso. Pero el suelo irregular, seco, duro y con piedras de todos los tamaños no nos permite seguir con esa técnica por mucho tiempo. Así que lo único que nos queda ya, es animarnos el uno al otro con frases de apoyo! Se crea un clima de fraternidad increíble. Cuando corres durante 4 horas en esas circunstancias junto a otra persona compartiendo el sufrimiento, al final llegas a un nivel de amistad alucinante. Pero en el fondo no dejaba de echar la vista atrás esperando ver a mi compañero de equipo…
Se acerca el km 40 y comienzo a sentir mareos y fatiga. Antonio me recuerda que llevo sin comer algo solido desde el km 14 aproximadamente. Al ver que necesito detenerme y recuperar, me obliga a comer algo. La simple idea de comer en ese momento de calor, agotamiento y dolor corporal me provoca náuseas. Pero el insiste diciéndome que no terminará la carrera solo. Que debo comer para recuperar fuerzas. Con bastante lentitud consigo tragar una de las barras energéticas que la organización nos ha entregado antes de la salida. El azúcar vuelve a circular por mi cuerpo. Le doy las gracias a mi compañero de fatigas, y comenzamos a caminar lentamente. Mi cara vuelve a su color habitual…
Los últimos 5 kms de la prueba tienen un pequeño desnivel. El suficiente como para que solo podamos alternar km corriendo por km caminando. Ya vemos la silueta del recinto en el horizonte. Nos da la impresión de que está mas cerca de lo que parece. Pero todavía faltan 2.5 kms… adelantamos a compañeros, y otros tantos nos adelantan. Lo importante en ese momento para nosotros es llegar mas allá de tiempos y vencer a otros corredores.
Nos acercamos a los 500 últimos metros y corremos con todas nuestras fuerzas! 100 metros antes de meta, escuchamos aplausos tímidos de algunas personas del escaso público que se atrevió a ir hasta allí para apoyar. Eso nos da mas ánimo si cabe, y cruzamos la meta con la sensación de haber cambiado como deportistas y como personas.
Siento que habrá un antes y un después de la Isostar Desert Marathon. Pero espero poder decir lo mismo el año próximo cuando cruce la meta de la misma carrera pero de 112kms.
“Soy la misma persona, pero soy diferente.”
Abel Recknold Ultra Life Team Rider
Crónica de Fito Arévalo.
Llegamos a Huesca con el coche a tope de todo el material que necesitamos para pasar los 2 siguientes días en el desierto y correr el primer ultramaratón desértico en Europa. El termómetro marca 37ºC y el calor es insoportable.
Después de una dura noche en la tienda, nos levantamos a las 6.30 para desayunar y preparar de nuevo todo el material, la estrategia de la carrera se repite una y otra vez en mi cabeza, tengo muy claro como correré, cuando beberé y cuando pararé, únicamente tendré que enfrentarme al intenso calor, y al paisaje desolador, que no es poco!
Y llegó la hora, estamos ya en el arco de salida, junto a Monica Aguilera, la campeona del Maratón Des Sables 2011 y Transvulcania 2011, todo un honor compartir salida con ella! pero vuelvo a concentrarme en la salida, reviso con mi compañero la cámara con la que grabaremos el trayecto, mi hermano también esta concentrado y muy motivado.
Nos deseamos suerte ya que nos espera una dura prueba. Mientras, la música de la salida nos da un golpe de energía positiva.
El director de la carrera marca la salida, y hace la cuenta atrás, 9!, 8!,… 3!, 2!, 1! adelante! ha empezado la Isostar Desert Marathon! salgo corriendo a buen ritmo, la intención es aprovechar los 27ºC iniciales para conseguir posicionarme bien los primeros 20km. Empiezo a adelantar a unos cuantos y me coloco entre los 15 primeros, me siento cómodo con el peso de la mochila y muy motivado ya que solo a unas 5 personas veo a Mónica Aguilera, a la que no quiero perder de vista.
En los primeros 5km ya he conseguido ponerme el noveno, y veo a todos los corredores que van en cabeza, mi objetivo es Mónica, seguirla hasta el km 20. Vamos un grupo de unas 10 personas que formamos el tercer grupo de cabeza de carrera, y el ritmo es de unos 4:40 min/km, un ritmo muy bueno que nos distancia del resto de corredores. Mi plan se desarrolla a la perfección, y me siento espléndido! el entreno duro de estos 3 meses, me permite aguantar el ritmo sin problemas.
km 7: todo se viene abajo, uno de los corredores del grupo se desvía sin querer en una de las señalizaciones y vamos todos detrás. Es una buena bajada, con lo que todos nos animamos y empezamos a bajar a muy buen ritmo intentando ganar mas tiempo al desierto, pero al cabo de un rato nos damos cuenta de que Mónica ha desaparecido, ya no vemos a los primeros, no hay marcas en el suelo… y todos nos miramos con cara de horror.. ¡Nos hemos perdido!
En ese momento todo se me vino abajo… lo primero que me vino a la cabeza fue lo duro que habían sido los entrenamientos para ahora perderme y estropear todo el plan… rabié mucho, y la moral cayó. Había perdido la posición y ahora tocaba regresar al camino a reencontrarnos con el grupo de carrera, pero todo era subida, y algunos de forma desesperada subieron aún mas el ritmo para volver a la carrera. Esa fue mi perdición, subimos a un ritmo altísimo y el calor empezaba a apretar, acabé desgastando demasiado y mi rodilla sufrió mucho el desnivel… al rato, volvimos a ver corredores, pero eran ya los últimos… yo paré un momento para coger aire e intentar seguir, pero mi cabeza no me dejaba… quise abandonar de la rabia, llorar! ya no valía la pena pensé, pero los ánimos de los otros corredores me hicieron seguir.
Entendí que ya había perdido todo lo que había planeado… en esta carrera, la posición en la que llegarías al punto de control 2 (km 23) sería prácticamente la que llegarías a la meta, ya que el calor impedía apretar mas el ritmo a cualquiera de los participantes.
Así entonces, decidí tomármelo de otra forma, acabar como mejor pudiese! En el primer control, conseguí atrapar a algunos amigos, Jordi, Paula, Carles, pero mis fuerzas ya no estaban al 100%, y en mi cabeza solo había rabia por lo ocurrido anteriormente. Ellos se marcharon y yo me quedé a rellenar agua. Al poco rato del CP1, encontré a mi hermano, llevaba buen ritmo, pero me pidió que siguiera para no condicionarnos el uno al otro, ya que cada uno tenía un objetivo distinto y hacíamos carreras distintas.
Entonces volví a encontrarme con uno de los que se había perdido junto a mí, Mark, un Ironman increíble! se había lesionado el tobillo en el km5 y parecía una pelota de tenis! pero aún así, tenia fuerzas para seguir a buen ritmo. Era el km 15 y decidimos correr juntos. Junto a el, los ánimos cambiaron, y a pesar de ayudarnos mutuamente, por su tobillo y yo por mi rodilla, también nos ayudábamos a apretar el ritmo de vez en cuando. Los ratos que corríamos lo hacíamos a una media de 4:50 min/km, pero el calor ya apretaba demasiado y era muy difícil aguantar el ritmo mas de 2km seguidos, sumados al cansancio y al terreno duro del desierto.
Corrimos durante 30 km juntos. El me aseguraba que esta maratón era 50000 veces mas dura que cualquier otra… a los 34ºC se le sumaba el Cierzo, un viento que nos venía de cara, el cual endurecía la prueba mucho mas! el agua de la mochila parecía sopa… no refrescaba en absoluto, el paisaje era prácticamente igual todo el rato, las rectas infinitas, y muchas piedras sueltas, muy peligrosas para los tobillos. Apenas había vegetación, a excepción de algunos tramos, pero era vegetación desértica, muy seca. Con lo que psicológicamente se convertía en una prueba muy extrema.
Durante la carrera llegué a beber hasta 12 litros de agua, que mi cuerpo absorbió sin compasión, no me hizo falta “ir al baño” en ningún momento, es increíble como tu cuerpo absorbe el líquido tan rápidamente. Apenas “comí” 2 geles Isostar, ya que las barritas parecían papilla y no eran comestibles… solo unas chucherías que llevaba Mark que increíblemente nos daban energía más que suficiente para continuar.
Los últimos 2km fueron los mas duros, subidas con viento de cara y con rampas haciendo amagos de explotar, ya llevaba 44.5km recorridos. Pero al ver la recta final de 300 metros, y a la gente que esperaba a sus familiares, que también nos animaba a todos los que llegábamos, nos dió un golpe de energía que decidimos hacer un último sprint final y adelantar a todos los que iban delante nuestro! Posiblemente el sprint mas duro de mi vida, pero mentalmente muy motivado! entramos Mark y yo a la vez y por fin, nos abrazamos para celebrar nuestra victoria personal! habíamos acabado la Isostar Desert Marathon!
Esta carrera me ha hecho ver muchas cosas, sobretodo, ahora me conozco mas a mí mismo, sé que mis límites están mas allá de lo que pensaba, no solo puedo aguantar 46km por el desierto, si no que podría haber seguido mucho mas allá! la mente juega un papel muy importante en este tipo de carreras y sin concentración sería imposible terminarlas.
Definitivamente creo que soy otra persona en lo deportivo, y he dado un paso adelante. Mi objetivo ahora es superar esta prueba, y seguir luchando contra mi mismo.
Fito Arévalo Ultra Life Team Rider
